Cómo ser el más brillante en la sala, encendiendo la luz de los demás
- liderazgoacontralu
- 26 jun 2025
- 4 Min. de lectura
Una verdad incómoda sobre liderazgo:
“El liderazgo no consiste en ser el más brillante en la sala, sino en hacer que los demás brillen con su máximo potencial.”
Muchos líderes no lo admiten en voz alta, pero hay un pensamiento que puede acechar silenciosamente: ¿Y si la persona más brillante del equipo… no soy yo?
Cuando lideras a alguien increíblemente talentoso, que parece tener más respuestas, ideas más audaces o una experiencia más profunda que tú, es fácil sentirte inseguro. ¿Qué pasa si te superan? ¿Y si ponen en evidencia tus vacíos?
La inseguridad es humana. Lo importante es qué haces con ella, y ahí es donde comienza el verdadero liderazgo.
De la Competencia al Acompañamiento
En su libro "Multipliers: How the Best Leaders Make Everyone Smarter", Liz Wiseman explora una diferencia fundamental en el mundo del liderazgo, y es que existen líderes que amplifican la inteligencia de su equipo (Multipliers) y otros que, sin darse cuenta, la suprimen (Diminishers).
¿Qué es un Diminisher?
Un Diminisher es el tipo de líder que:
Siente que tiene que tener todas las respuestas.
Se incomoda con personas más inteligentes o autónomas.
Micromaneja, interrumpe, controla.
Crea un ambiente donde los demás no se atreven a proponer, porque todo depende de su validación.
A veces no lo hace por maldad, sino por inseguridad. Pero el resultado es el mismo: el talento se apaga.
¿Y qué hace un Multiplier?
Un Multiplier hace todo lo contrario. Confía. Escucha. Pregunta. Delega con intención.Y sobre todo, cree que el equipo tiene más capacidad de la que ellos mismos reconocen.
Según Wiseman, los Multipliers tienen 5 comportamientos clave:
El Talent Magnet (Imán de talento): Atraen personas inteligentes y las hacen quedarse. No les da miedo rodearse de personas brillantes.
El Liberator (Liberador): Crean un ambiente de seguridad y exigencia. La gente siente que puede arriesgarse, sin miedo a ser castigada por fallar.
El Challenger (Retador): Lanzan preguntas ambiciosas. Hacen que el equipo piense más grande, asuma desafíos reales y sienta orgullo del resultado.
El Debate Maker (Facilitador de debate): No imponen sus ideas. Generan espacios de discusión rica, donde las decisiones se construyen en colectivo.
El Investor (Inversor):No solo delegan tareas, sino también responsabilidad y confianza. Invierten en el crecimiento de las personas, aunque eso implique que un día los superen.
¿Cómo aplicar el enfoque Multiplier en tu día a día?
Aquí algunas prácticas concretas para pasar de Diminisher a Multiplier:
Comportamiento cotidiano | Versión Diminisher | Versión Multiplier |
Delegar | Delegas tareas pequeñas y supervisas todo | Delegas con claridad y dejas que otros diseñen soluciones |
Reconocimiento | Lo das con miedo, para no “inflar egos” | Reconoces abiertamente lo que otros hacen mejor que tú |
Gestión de ideas | Tomas decisiones solo o en un círculo cerrado | Pides ideas, abres el juego, permites debate real |
Crisis o errores | Tomas el control y apagas el fuego tú mismo | Confías en el equipo para encontrar soluciones, con tu guía |
Personas brillantes | Te sientes amenazado | Las ves como una oportunidad de evolución mutua |
Casos reales: Cuando el ego se hace a un lado
Reed Hastings (cofundador de Netflix). En entrevistas, Hastings cuenta cómo se dio cuenta de que debía rodearse de personas más capaces que él en áreas clave: producto, ingeniería, cultura. Su trabajo pasó de “dirigir todo” a “crear el contexto” para que otros líderes brillaran.Esa estrategia fue una de las claves de la transformación de Netflix en una empresa de innovación constante.
Sheryl Sandberg (COO de Facebook/Meta). Lideraba sin ser la más técnica del equipo. Su liderazgo fue clave al crear puentes entre ingeniería, negocio y cultura. Su rol no fue saber más que los ingenieros, sino crear alineación, respaldo y visión compartida.
Liderar como Hastings o Sandberg no es cuestión de carisma innato ni de fórmulas mágicas. Es una práctica diaria, hecha de decisiones pequeñas, intenciones claras y un trabajo constante por desactivar el ego y poner el propósito al centro. Porque si algo nos enseñan estos referentes, es que el liderazgo humilde no es pasivo ni débil: es activo, estratégico y profundamente humano.
Aquí te compartimos algunas herramientas prácticas para cultivar ese tipo de liderazgo que no necesita ser el más brillante, para encender a los demás.
1. Reconoce públicamente el talento. Nombrar fortalezas no te debilita: te posiciona como alguien que lidera con seguridad y generosidad.
2. Crea espacios de liderazgo compartido. Invita a las personas más expertas a liderar proyectos o decisiones clave. Así creas ownership y confianza.
3. Practica la vulnerabilidad con propósito. Brené Brown nos recuerda que la vulnerabilidad no es debilidad, sino claridad y coraje. Decir: “No sé, pero confío en tu criterio” es una forma poderosa de construir liderazgo auténtico.
4. Define el propósito colectivo por encima de los egos. Cuando el foco está en el impacto y no en quién brilla más, el liderazgo se convierte en una fuerza compartida.



Comentarios