top of page
Buscar

Cuando no decimos lo que pensamos (y lo llamamos empatía)

Hace poco conversábamos sobre una experiencia que compartió una colega con nosotras, y nos impactó mucho esta frase: 


“Todo lo que hizo estaba mal, pero no quería lastimar sus sentimientos... así que lo arreglé yo misma.”


Lo dijo con genuina preocupación. Y había actuado con la mejor intención: evitar un conflicto, cuidar la relación, no herir susceptibilidades. Sin embargo, también era evidente que ese silencio le había pasado factura. La frustración se acumuló, el trabajo extra recayó sobre ella, y la relación profesional comenzó a deteriorarse, sin quererlo así.


Y nos preguntamos: ¿cuántas veces hemos pasado por algo parecido?


Callamos. Disfrazamos lo que queremos decir. Damos rodeos. Endulzamos las palabras. O, simplemente, evitamos la conversación. Pero, ¿a quién estás protegiendo realmente? Cuando suavizas tus palabras para evitar incomodar, ¿lo haces por el otro… o por ti?


Creemos que lo hacemos por empatía, pero si somos sinceros, muchas veces lo hacemos por miedo: miedo al conflicto, a no gustar, a no ser vistos como “buenos líderes”. Y, sin darnos cuenta, esa falta de claridad termina siendo más dolorosa y más costosa que la incomodidad de una conversación honesta.


Ser claro incomoda. Requiere sostener silencios. Estar presente en la tensión. Sostener la mirada del otro cuando no entiende, o no le gusta lo que estás diciendo. Pero también es el primer paso para construir relaciones más auténticas, más humanas, más duraderas.


La verdadera compasión no siempre es suave. A veces se parece más a un límite firme que a una sonrisa amable. Más a una verdad dicha a tiempo que a una armonía superficial. Más a una conversación incómoda que a un silencio cómodo.


En estos días que hemos estado leyendo a Brené Brown en su libro Dare to Lead, nos encontramos con una idea poderosa que desmitifica este comportamiento. Brené plantea lo siguiente:


“Clear is kind. Unclear is unkind.”


Liderar con claridad implica que tus equipos no tengan que adivinar lo que esperas. Que dar retroalimentación deje de ser visto como una amenaza y se convierta en una oportunidad para construir juntos. Que la honestidad no esté reñida con la humanidad. Que no tengamos que elegir entre la verdad y el cuidado.


La claridad no es dureza, es respeto. Ser claro no significa ser rudo. Significa ser valiente. Significa respetar tanto al otro que eliges no disfrazar la verdad. Es tener la entereza de hablar de lo incómodo antes de que se convierta en un problema estructural, una relación rota o una desconexión irreparable.



La armadura del liderazgo


Brené también nos recuerda que los líderes solemos ponernos “armaduras” para protegernos de la vulnerabilidad. Algunas se ven como perfeccionismo; otras, como sarcasmo o evasión. A veces se disfrazan de optimismo forzado o se manifiestan en el deseo de controlarlo todo para no tener que confiar en otros.


Estas armaduras pueden hacernos sentir seguros, pero también nos aíslan. Nos desconectan de lo que nos hace auténticos. Nos alejan de la confianza, de la creatividad y de la conexión real con nuestros equipos.


Y es que, como ella misma dice: “No puedes tener una cultura de innovación sin vulnerabilidad.” Para crear espacios psicológicamente seguros, primero tenemos que animarnos a ser claros, incluso cuando eso nos ponga en una posición incómoda.


La realidad es que mostrar tu lado más vulnerable es, a veces, una de las herramientas más poderosas para construir conexión y confianza con nuestros equipos. La confianza no se decreta: se construye. Y muchas veces, se construye gota a gota, a través de acciones pequeñas y consistentes.



El modelo BRAVING: Construir confianza con claridad


Uno de los marcos más poderosos del libro de Brené, es el modelo BRAVING, que resume cómo se construye la confianza a través de acciones concretas y cotidianas:

  • Boundaries (Límites claros)

  • Reliability (Cumplir lo que decimos)

  • Accountability (Asumir responsabilidad)

  • Vault (Guardar la confidencialidad)

  • Integrity (Actuar con valores)

  • Non-judgment (Poder pedir ayuda sin miedo a ser juzgado, en ambas vías)

  • Generosity (Asumir la mejor intención del otro)


Y en el fondo, la claridad está en el centro de todos ellos. Sin claridad, no hay límites reales. Sin claridad, no se puede asumir con justicia la responsabilidad. Sin claridad, la confianza se diluye.


¿Cómo empezar a comunicarte con Claridad?


Si quieres cultivar un liderazgo basado en claridad, aquí algunas ideas prácticas:


  1. Obsérvate cuando evitas una conversación difícil. Pregúntate: ¿estoy cuidando al otro, o me estoy protegiendo yo?

  2. Habla desde la intención. No necesitas tener las palabras perfectas, pero sí una intención honesta y un tono respetuoso.

  3. No acumules lo que puedes abordar en el momento. Convertir la retroalimentación en una práctica constante te ahorra conflictos futuros.

  4. Modela la vulnerabilidad. Admitir que no tienes todas las respuestas también es una forma de claridad.

  5. Recuerda que ser claro no es lo opuesto a ser empático. Es una forma más profunda de demostrar cuidado.


En Liderazgo a Contraluz, creemos que liderar no es sólo guiar desde la certeza, sino también desde el coraje de decir lo necesario, incluso cuando no es fácil.


Liderar es atreverse a ponerle palabras a lo que duele, lo que cuesta, lo que no brilla, con respeto, con claridad y, lo más importante, con humanidad.

 
 
 

Comentarios


bottom of page